Pero ante todo piensa en esta patria, en estos hijos que serán un día nuestros: el niño labrador, el niño estudiante, los niños ciegos. Dime qué será de ellos cuando crezcan, cuando sean altos como yo y desamparados. Por mí, por nuestro amor de cada día, nunca olvides, te pido que no olvides. Los dos nacimos con la guerra. Piensa lo mal que estuvo aquella guerra para los pobres. Nuestro amor pudo haber sido bombardeado, pero no lo fue. Nuestros padres pudieron haber muerto y no murieron. ¡Alegría! Todo se olvida. Es el amor. Pero no. Existen cosas inolvidables: esos ojos tuyos, aquella guerra triste, el tiempo en que vendrán los pájaros, los niños. Sucederá en España, en esta mala tierra que tanto amé, que tanto quiero que ames tú hasta llegar a odiarla. Te amo, quisiera no acordarme de la patria, dejar a un lado todo aquello. Pero no podemos insolidariamente vivir sin más, amarnos, donde un día murieron tantos justos, tantos pobres. Aun a pesar de nuestro amor, recuerda.