Deseo en la madrugada

Deseo en la madrugada

Deseo de madrugada

Ahora la madrugada trae un ramo de rosas blancas. Pero no las quiero. Yo no he venido aquí para estas rosas sino para el aroma de tu cuerpo.

Despierto estoy. Tu cuerpo inolvidable se precipitará hacia mi recuerdo. Tú misma estás junto a la aurora triste y te levantas firme sobre el tiempo.

Vienes a mí con 1a orfandad del día abrazadoramente hasta mi lecho, igual que el despertar de un largo olvido o como la llegada del invierno.

Y yo, ciego y mortal, hacia tu carne, hacia las soledades de tu pecho pongo mi corazón y escucho. Tierra tierra de nadie el corazón se ha vuelto.

Lo que fue una noticia de relámpagos, una mano entregada desde un sueño. Ahora no estás y un alba de jardines abre sus flores para mi deseo.

Te amé tal vez por las doradas hojas que iba en tu corazón reconociendo. Pero hoy ya no. Que toquen los clarines. Es la resurrección de nuestros cuerpos.

Nos alzaremos con la madrugada. Desnuda estás y blanca. Es el momento, el tiempo del abrazo. Y te vas. Queda la noche gris sobre mi pensamiento.

No encontraré otro cuerpo de más vida ni, dentro de lo vivo, más sereno. Es la serenidad del alba. Vamos. Al monte más distante subiremos.

Pero nos llaman a olvidar, hoy hace sombra en todas las calles y en mi pecho. Como una torre de cristal vacía se me derrumbarán todos los sueños.