Insaciable, entré en tu edad madura, en la maleza, busqué el tenso bambú, la carne cimbreante, con el designio de un tardío acoso, y como el sueño no era sino un viaje cuyo mayor dolor es el regreso, hacia la tapia fulgurante y ciega acompañé tu imagen, sufrí su maleficio, oh misteriosa y húmeda concavidad vacía, cuerpo más que la aurora vacilante, desolación para los que esperábamos, tras noches de ansiedad, siglos de entrega.