A veces voy por un camino, y el aire huele a lluvia, y pasa un niño abandonado y llora, como si recordara los árboles en sombra, los pasillos en sombra, los juguetes que se perdieron en un pozo. Pero yo voy por el camino blanco, y el camino se alarga, como el miedo a estar vivo. El cielo Se ha puesto grande, igual que el techo de los palacios. Nadie se vuelva atrás: estamos ante la noche, al raso, puros, lavados por el agua que vino de tan lejos. y la ciudad se ha hundido como un barco en desgracia. y ya no queda nada…
He vuelto a creer en Dios, y en las puertas cerradas, y el humo, y el milagro. Tengo fe en el camino que se pierde, con sus piedras y sus matas secas, y de nuevo sus piedras, y la lluvia, y todo lo que es ruina y desamparo.
Tengo fe en el camino y en las catedrales de Dios, y alzo los ojos para hablarle, y la lluvia, entonces, me da en los ojos, y Dios no está aquí, pero está aquí. Y avanzo.