Tal vez naciste para ser motivo

Tal vez naciste para ser motivo

Huyendo de mí siempre, a mí me sigo. Juan Boscán

Tal vez naciste para ser motivo de estos versos y no sustancia mía, fuego de mis palabras, no madera de aquellos bosques donde tantas veces, hijos del alba, nos perdimos.

No eres de carne, eras de viento en furia. Viniste y me tiraste el alma abajo; No eras de carne, pero no te puedo olvidar.

Si algo que es tuyo se ha perdido lejos como un relámpago en la noche, dime, dime tú, estrella que en el pecho llevo ’qué podemos hacer, a qué lugares voy a traer, mi corazón. La historia es sencilla y es triste. Recordarla sería también sencillo y triste, pero ya para qué, si tú no estás conmigo.

Salgo a la calle. Un nuevo día crece, pero me daña sin piedad. El sol pone en las cosas su calor antiguo. Pero no me conoce nadie. Nadie -la flor de aquel jardín, el agua mansa de aquel estanque, aquellos montes grises, tanta ceniza repartida-, nadie sabe mi nombre, este es el fin. Aquí se termina la historia.