Ese tren que cruza Castilla de madrugada, ese tren largo y perezoso que se detiene acá y allá, en lugares previstos pero desconocidos, que se mueve en la noche como si se incendiara un bosque entero y amplio, no puede ser el del olvido. A través de lo oscuro, de las obligaciones deprimentes, tú puedes comprobarlo. Estamos lejos uno de otro y todo sirve para marcar bien las distancias; y sin embargo, el aire de la noche, el sueño, el despertar de tanta ausencia, me traen recuerdos vivos, restos puros de todos los naufragios: el mar mediterráneo en calma (en mi ciudad o en Nápoles), un pinar castellano, o bien un día de junio a pleno sol entre mis brazos.
¡Tanta dicha no puede ser irrepetible!
Yo busco tu silencio de otros días, tus palabras de entonces, la belleza de un gesto tuyo, el resplandor seguro de aquellos instantes. Busco las cosas ciertas, las que me salvan de no estar contigo día a día, por siempre. y te pregunto desde esta hora triste: los momentos felices ¿han de partir con ese tren que ahora cruza Castilla, han de perderse oscuramente, sin piedad, en la noche?