Un manifiesto: febrero 1848

Un manifiesto: febrero 1848

Fue en la calle de Liverpool, en Londres, en las prensas de un tal Burghard. Aquel día la tinta estaba aún fresca, recién creado el libro, el arma. Cómo llamarle, cómo referirse a tanta sangre pobre en junto, qué decir del olor a herramienta humillada y campo entre sus páginas. La vida trae a veces brisa ligera, palabras que sólo son palabras, íntimos coloquios de enamorados bajo los olivos. Pero aquel documento decía palabras de más peso, traía vientos mundiales, solidarios. Como un doble latir ante la historia, dos hombres lo escribieron, pusieron su pecho frente al invierno de aquel año. Y desde entonces, no como flor, sino como exigencia de mano de obra, generaciones de violenta espuma de idioma a idioma traducían el mismo impulso, iguales certidumbres. Porque una cosa es cierta: era la luz, la letra impresa clareando caminos que antes fueron noche injusta, tiempo de esclavitud.