Estamos en el bosque, amor mío, en la espesura de los años vividos duramente bajo la tiranía de las frondas, en situación de seres vegetales. Entre tú y yo el silencio se mueve apenas, su involuntaria brisa comunica los troncos y, sin palabras, las raíces inician la aventura de la espera anhelante: pasa por nuestro sueño un leñador amigo desbrozando la noche, abriendo para siempre el camino del alba.