Formo con mis hermanas un muro inabordable. Nos cegamos a la tierra que alarga el día de luminoso júbilo, a sus ojos brillantes donde brotan ciruelas jugosas y dulces, los animales cálidos y huidizos; al día de paredes traslúcidas, de corrales abiertos y campos poseídos por el secreto que han murmurado las semillas al abrirse
He llegado al término de mi sombra: el día tiene abiertos los muslos y se entrega al gozo insaciable de los hombres.
Y nosotras, hechas de un material que se resiste al cortejo del tiempo, templadas en el silencio firme, tratamos de permanecer aunque no tenemos casa, aunque estamos desprovistas frente al cauce ajeno.
Nos trenzamos entre nosotras los labios con los labios: ésta es la palabra de las tres: nuestra palabra.
(Oigo un crepitar en el fuego: los pechos de las mujeres se desprenden del deseo como frutos maduros. Los pechos de las mujeres: panes recién cocidos.)