Tu cuerpo pulsado por sí mismo es en mis oídos viento claro y fresco, sonido limpio del cobre y del aliento: eres tus labios rezumantes de lima, eres tus ojos recubiertos de bruma, eres tu mano fina ciñéndose sierva: porque en ti anida el mar, eres su guía, y de ti la más torpe raíz bebe su espina: porque tú eres el viento y eres también la roca virgen que muchos metros ocultan.