Tú vives en el alba. Los pájaros te aclaman. De túnicas de aves te viste la alegría. ¡Qué aurora la que exaltas! ¡Qué noble luz la tuya! Te escuchan las mañanas y las noches porque eres como un cirio, porque eres como un corzo. Sentirte a ti que pasas rozándome las rosas y los ayes… Doler en tus rodillas, estrujada por riscos y malezas.
Y que un céfiro de alondras venga dulce, que tú llegues aventando mis heridas… Ser mujer y tuya, ¡qué inefable fundirse la conciencia entre tus brazos!