Autosirena

Autosirena

El plural del abanico se resolvió en un único destino.

Resolví la leyenda de mi infancia con una forma ajena y humana, y a mis mayores debo mi amargura milenaria.

Nunca vieron turistas mis pestañas.

Con almendras fabrico pingüinos, collares. Mis libros son atletas y mi palabra antigua como la seda.

En un ataúd blanco escondo una niña que es un arpa, y tengo tanta sed de amor que se estremecen cerezas en los seres más extraños.

Mi alergia al espacio y mi manicura siniestra son la curiosidad de mi magia. Me mantuve siempre libre de la ternura azul de los leopardos.

Amé todas las entrañas marinas, amé incluso seres fatuos por si alguien tachaba de inmóviles mis pestañas.

Desde entonces, un arpa da sombra a los senos en mayo. * * *