tenía condición femenina y salvaje, forma de mujer y de cabra.
A Orlando la encontraron en un nido de sangre negra. Sus alas pegadas en el barro. Su frente, en la ballesta, inmóvil.
(Un pez vive en eterna penumbra bajo el agua.)
Orlando aprendió a ser serpiente marina, bestia codiciosa de la materia.
Buscó como alimaña en la tristeza ignorando su sombra de color y ombligo.
Se mojan las escamas de la piel negra dentro de un manantial de claridades.
Orlando abandonó ayer la ciénaga.