La voz de un ángel...

La voz de un ángel…

Una voz infantil con el hueso dulce de una mujer y la savia incendiada de un hombre.

El timbre que pudiera acercarse a la leyenda de Orlando. Al umbral del Barroco. De la fragilidad.

El año del despertar en la Europa del s. XVII. Los grandiosos carruajes. Los lujosos vestidos.

Pobres desgastados como látigos, cuyas voces sublimes se elevaban hacia la perfección inalcanzable. Mudos y ciegos, olvidados de sí mismos.

Su cuerpo no podía acceder a la plenitud de los hombres.

Orlando disfrutó de su voz prodigiosa, pero no de mujer ni del hombre y su vileza.

Orlando castró a su hermano.

Indolente en la corte de Felipe II, consela su melancolía en los furiosos brazos de Mesalina.

Orlando y una voz única y humana. Envuelto en una armonía universal sin sexo, en la que hemos oído la voz de Dios o el eco de un ser mítico que nos acongoja con su grito frágil hacia lo inefable. * * *