Llegué a la villa de Madrid en 1504...

Llegué a la villa de Madrid en 1504…

en un globo de mi amigo Ariosto.

Nunca conocí bien el destino. Me engañó una hembra verde claro de tules, que me vendió como nenúfar en el mercado de Abastos.

No he sido nunca caballero ni he tenido rango pero lamento la masacre de los Balcanes. (Y también la de indios y kurdos.) Violaciones y soledad para los muertos.

No soporto el incendio de tus ojos, Orlando.

Con el calor del mes de julio el asfalto se hincha y las dominicanas bailan con las sogas al cuello en Aravaca.

Madrid está tan triste que hasta se ha suicidado un murciélago blanco.

(Si hubiese tenido el color amarillo de juan ramón para besarte, no me habrías dejado.)

Madrid entra por las venas, como las jeringuillas del estío.

Madrid soy yo, Orlando, una calavera cubierta de gusanos.

Sobre el asfalto negro se estremecen ilustres los pocos jilgueros que quedan del invierno.

El lamento de los seres consumidos por la heroína y los ácidos. El vacío de las cuencas submarinas y el caballo.

Madrid es un asesino,