Cruzan los pies de hueso el paisaje de doscientos ahogados.
A los niños les crecen las rodillas en los estanques de mármol, Y por las noches huyen de las culebras en las corrientes donde se hunden todas las tristezas.
Hay miedo, miedo en las criaturas y en los cuerpos. Sobre el océano habitan la lluvia y el petróleo.
La desnudez humana se aleja de la playa anclada en la muerte- De pie en la popa los blancos esnifan lunas como sonámbulos, a babor se arrastran mulatas secretas como ciudades.
Las lágrimas no brillan en los tobillos ni en las fronteras.
Los ancianos son tan invisibles que no se ven ni en los espejos del agua, y si los edificios fueran cipreses la soledad sería un arroyo contra el cielo.
Hay miedo, miedo en las criaturas y en los cuerpos. Se alquilan novias, pestañas y culebras desconcertadas.
El veneno se vende en forma de poema, de liguero, de fruta, de pájaro, en calles solitarias de domingo.