Orlando, ¿sabrías decir qué mérito tiene...

Orlando, ¿sabrías decir qué mérito tiene…

que el mar sea tan libre sin saberlo? El mismo que el bostezo que te envían los labios amarillos del ser más tirano.

Dime si es azufre lo que brilla en tus dientes, dime quién es, quién eres.

¿Dónde van a expirar los gemidos de tu pecho tan rígido?

Dime si tu bostezo es interminable como el alma del hierro que sólo quiere herir el pétalo del alba.

¿Hacia dónde se alarga, Orlando, la persecución sin sonido?

Dime si no te asfixia el dolor en tus labios, y a quién bostezarás cuando la tempestad te arranque de cuajo el incienso de tu vientre.

¿Adónde volará la luz que hoy ilumina tu secreto?

Dime, ¿adónde, adónde buscará cobijo el relámpago que abriga el desmayo de los labios del pez desnudo? Dime qué cicatriz de amor temblará en el deseo, si los amantes nunca sintieron el pecho junto al pecho. ¿Hacia dónde, Orlando, vagará la cadencia de tu bostezo larguísimo?

Dime si acaso existen los cuerpos porque la carne sólo siente la cintura de la tierra. Dime, si es que puedes, ¿adónde irá a latir el engaño de la piel indivisible?

¿En dónde morirá la única verdad, la esperanza de los dientes, y esa nuca que interrumpe el amor sin saberlo?