Orlando, te traigo en la melena...

Orlando, te traigo en la melena…

de algas larguísimas como sirenas las alas que olvidó Perséfone. Nadie sabe por qué se ciegan sus ojos cuando te mira. Quizá sólo sea la mentira efímera del amor. Cuéntame ahora, si puedes, Orlando, los daños de la guerra en su piel anónima, y quiénes temblarán en los árboles mañana como lágrimas.

De su laberinto, del musgo y de la playa nadie recuerda la luz. Se marchó volando con su cuerpo a cuestas y te abandonó borracho de placer sobre las olas.

Nada existe en la carne, sino la miseria y el hambre. Nada existe en Europa si no fuese la flauta que te dejó Perséfone, para que difundieras por la Rosa de los Vientos el engaño más tierno.

Del corazón que bebió en sus labios no queda en el mundo nada más que el reflejo ambiguo de los espejos.

Y en la vida humana todo es codicia. * * *

II. Cuando Orlando nació mujer