5

5

Gracias te doy porque enjugaste el llanto, gracias por el abrigo de tu alero, por ser recodo grato en el sendero, y miel en la amargura del quebranto.

Tu caricia escondida va en el canto y tu luz me ilumina en el lucero. Aunque te vayas, queda prisionero en esta línea un trozo del encanto.

Gracias, amor, porque por fin viniste, por la breve ilusión que me trajiste, por el gozo en el vértigo secreto.

Gracias te doy aun porque pusiste en mi sonrisa con tu beso quieto color de sangre anclada y viejo abeto. * * *

6. Si me engañé, bendito sea el engaño…

benditos sean el beso y cada herida, bendita sea la carne conmovida y la fe naufragando en gesto huraño.

Benditos sean el día, el mes, el año cuando la fiel promesa fue cumplida; bendito sea el sueño y sea la vida, el dolor, la caricia, el gozo, el daño.

Bendito lo que aprendo, lo vivido, lo que recuerdo, lo que al fin despierte en mí, lo que salvé del río hundido.

Me enfrenté cara a cara con la muerte y aunque luché y viví a brazo partido, mi garganta no pudo contenerte. * * *