Me cae tu palabra hasta la boca como una tempestad de hierro ardiendo, como un golpe de mar, un sol muriendo entre las fauces de un jaguar de roca.
Desciende a mí la carga con que invoca todo el sentido de tu nombre abriendo el cauce del recuerdo que va huyendo hasta el origen que tu sangre evoca.
Me traes con el aire y el sonido el rumor de tu risa y tus enojos, y el dolor sin alivio en suelo herido;
Pero me das también en el oído más palabras de rosas que de abrojos que endulzan los saleros de los ojos. * * *
y en vano espera mi ansiedad despierta? ¿Y si acaso ha llegado hasta mi puerta y la encontró cerrada y ha partido?
¿Si ha deshecho el camino ya vencido -la fuerza desmayada, la fe muerta- y a retomar la ruta el pie no acierta, ni el ojo al horizonte recorrido?
Yo sigo aquí, por la esperanza atada, y en vano espero ver la carabela bajar el ancla en la tranquila rada.
E inquieto, el corazón se me rebela porque no alcanza la ilusión amada a volver con los remos y la vela. * * *