Cúbreme, amor, el cielo de la boca… Rafael Alberti
palabra que te nombra y te delata, que te eleva en su vuelo o te maniata: en mi boca te encierro o te prodigo.
Te dejo a la intemperie o al abrigo, te guardo en ventisquero o en fogata. Pródiga, codiciosa catarata, vas en mi labio como fiel testigo
de todo lo que en él pones y eres, de todo lo que en él tu sed convoca y de lo que en su amor beber quisieres.
Silencia esta ebriedad que el labio aloca y con el agua en que dichoso mueres cúbreme, amor, el cielo de la boca. * * *
esta música en tanta luz cegada, esta ternura a solas escanciada, esta verdad por tu fervor vertida,
esta palabra en sombras encendida, esta caricia ardiendo derramada, tu mirada bebida y escuchada, tu silencio envolviéndome la vida,
todas las cosas que forman mi cielo: el canto, la presencia de tu beso, la voz que tiene cada anhelo preso,
los aleros del ave ahíta en vuelo, tu sed lo enciende todo y me lo quema con esa arrebatada espuma extrema. * * *
¿Qué va a saber el agua de sequía? ¿Qué va a saber la luz de lluvia fría y el viento de la rama que resiste?
¿Qué va a saber la llama que subsiste de cenizas que apaguen su porfía? ¿Qué va a saber, por fin, de la alegría esa nostalgia que su ser contriste?
Ven que te explique ese fulgor oscuro, ese dolor amigo, ese ojo ciego, ese frío quemándome en el fuego.
En la piel que me siembras de futuro coróname de espuma, oculta yema, que es jazmín del que sabe y del que quema. * * *
el aire que lamiendo está la llama, el aire que te envuelve y te reclama, que libera tu vuelo y que lo apresa.
Es aire, sólo el aire, en que la espesa sangre del corazón de aquel que ama vence al silencio donde se derrama la palabra trocada en fiel pavesa.
Es aire la verdad que desafía al frío, la distancia y esa boca ciega a la sed ajena y su agonía
que siembra su existir en otra boca. Máteme el beso de tu alevosía brotado en punta de coral de roca. * * *
aire que hiera el surco de mi oído; y en él siembre su pecho estremecido la palabra dolida y su veneno.
Siembre la luz ardiente el labio pleno en quieta frente, en pensamiento herido. Derrota ausencia, desamor, olvido, la voz donde a vivir yo te condeno.
Desordena mi cielo, mi mañana, mi vida entera mueve y equivoca con la corriente que en tu labio mana.
Que me asesina el vino de tu boca esta escasa cordura, cruel tirana. Alóquemela, amor, su sal, aloca. * * *
el carmín de la rosa, la azucena, el canto del cenzontle, la serena superficie del agua, la armonía.
En ti enciende sus luces cada día la voz que incendia el aire cuando suena su canto repetido en lengua ajena, hecho fecunda y sola compañía.
Comparte en la distancia esta locura que tengo por el fuego de tu boca que ya toda cordura se hace poca.
No me cures jamás la quemadura donde el alma se muere y se me quema por tu secreta aguda flor suprema. * * *
secreto donde oculta miel destila. El tiempo su madeja fiel deshila confiado a los fervores del instinto.
Bebe el beso que el dulce labio afila, devora la epidermis del jacinto: el deseo saciado, nunca extinto, desde tu tersa torre me vigila.
Tus manos, tu mirada, tu dulzura desbordan en el vértigo del fuego donde en olvido la razón se quema.
Coróneme el rocío y su luz pura en el instante eterno en que me entrego doblando su fervor en su diadema. * * *
me erosiona la voz que me acaricia y me da vida la tenaz sevicia de tu labio trocado en fiel pavesa.
Me asesina la mano que confiesa lo que la voz no eleva a la caricia me edifica tu labio y su codicia que dilapida su lujuria aviesa.
Me reta y me sostiene tu locura, me desalienta tu vivir sensato, me desarma y cautiva tu ternura,
y en este canto preso que desato se me enamoran alma, mente y boca del mordiente clavel que las desboca. * * *
en vano la quimera y su luz pura, en vano la sirena y su dulzura, el misterio y la voz de cada arcano.
Inútilmente el fuego del verano me daba el beso de su quemadura; su amor, el fuego; el agua, su frescura: paraíso en la palma de tu mano.
Labio sediento por tu voz, oído; párpado ciego que la luz evoca; agua que quema todo lo que toca:
Déjame ser silencio puro, olvido; de tu fuego el más íntimo destello ¡oh ceñido fluir, amor, tan bello! * * *
agua que entre mis dedos se diluye, que cuanto más persigo, más me huye, por más que mi penar sin fin prevengo.
Tenaz tormento que al latir sostengo, casa en la arena que el azar destruye. Lunar marea, medra y disminuye la herida de vivir que en ella vengo.
Rota de sed, desnuda y calcinada, mi boca tu veneno dulce bebe y bebe tu palabra alucinada
mi oído fiel. Cautiva en tu mirada se me queda la piel enamorada del borbotar templado de tu nieve. * * *
Y me quemé las manos y el aliento. Nadie condene el daño que consiento: Soy víctima y verdugo de mi drama.
Soy quien muere de sed y quien derrama El agua que le sirve de sustento, Quien construye su gozo y su tormento, Quien dispone los hilos y la trama.
Que no encuentre consuelo quien remiso A la cordura fue, huésped esquiva De la ilusión que en polvo se deshizo,
Quien por su mal se quiso ver cautiva De ese breve, engañoso paraíso En tan estrecha gruta en carne viva. * * *
Libre me vi, desnuda y desolada. ¿Para qué libertad abandonada Y palabras de amor en ciego oído?
¿Para quién hambre y sed en el sentido Si me abraza la sombra demudada? ¿Para quién alma y boca enamorada Si tengo el corazón de ausencia herido?
No hay cicatriz en esta piel serena Que manifieste con su oscuro sello La fiera luz que arde en cada vena.
Íntimo fuego del que soy destello: A brasa fiel mi boca se condena Para mirar arder tu fino cuello. * * *
la dicha dulce con que me has mentido, ni la fecunda gracia que has vertido en mi piel, sin llegar a merecerte.
El ojo no ha logrado conocerte, ni el beso alcanza a asir todo el sentido, ni la voz dice todo lo vivido, ni consigo explicarte ni entenderte.
La luz que brilla al fondo en tu mirada es la estrella que arde y que me mueve a cruzar esta ausencia desolada.
Y es la fe que sostiene el lazo leve adonde la pasión inconfesada se te resbala, amor, y se te llueve. * * *
esta sonora cárcel, este abrigo donde congelo el tiempo y su castigo y salvo este espejismo que me guía.
Libre y tenaz como una red vacía, abarca lo que callo y lo que digo, lo poco que ahora sé, lo que persigo, lo que viví contigo cada día.
Aire sólo me queda. En este viaje escribí mis palabras en la arena, aré en el mar, creí en cada sirena,
viví confiada al viento y al oleaje con mi voz en tu boca hecha cautiva por jazmines y estrellas de saliva. * * *