…no se alcanza a volver con los remos y la vela al puerto en que dejamos la esperanza. Miguel Ángel Asturias
y mi hoguera renuevo en lluvia fría. Surge de ti fluyente geometría: venero de la luz, cálido acento.
El seno de la vela que hincha el viento para partir a la aventura un día, y tu tierra en su quieta geografía, trazada en gozo exacto y fiel tormento.
Se abre el ojo a la flor de la belleza que se desata con fervor de río y se instala a soñar en tu cabeza.
Por tu perpetuo, floreciente estío cruza la tarde donde, libre y presa, la luz corre desnuda por el río. * * *
Hundidas en el mar de aire que mueve El invisible cuerpo donde bebe La vida transitoria y cristalina.
Espejismo tenaz que la alucina, Fuego escondido al fondo de la nieve, Sed que escancia la boca donde llueve La palabra triunfando de la ruina.
Vano intento: aferrar la llamarada De ayer, hecha pavesa hoy inasible Para incendiar su esencia ya gastada.
Victoria que tu esfuerzo hace posible: Congelar la belleza alucinada huyendo sin cesar en lo movible. * * *
en la bondad azul en que navego: cosecha permanente donde siego los frutos de la voz y su ventura.
Derramas con largueza tu hermosura y en la pupila tanta luz trasiego, que siento arder en mí tu puro fuego y en la noche brillar tu quemadura.
Estás en mí, como agua de la fuente, como la sed al fondo del estío que calme su anhelar en la corriente;
y estás en cada estrella con que guío el viaje que me lleve hasta tu frente y a la profundidad del hondo frío. * * *
Más hambre para así seguir viviendo. Echa más fuego al sol, que siga ardiendo, Y más dolor a este fatal castigo.
Da tu aliento vital a lo que digo, Pon sangre y alma a lo que voy haciendo, Entrega esta verdad que nace hiriendo Y acompaña su luz a herir contigo.
No te dejes vencer, no te acobardes, apuesta sin cesar a lo imposible, y construye primero lo que aguardes.
Pero emprende la ruta ineludible En este mismo instante. No te tardes, Porque empiezan la sombra y lo invisible. * * *
De tu verdor provengo y me alimento, Del alba y de su risa de campana. Es más dulce la música lejana Que acerca a mi heredad la voz del viento.
En el recuerdo palpa la cadena De la nostalgia el hijo verdadero Y vuelve a tu remoto y fiel estío
Sigue cautiva y quieta tu sirena En fuente donde el corazón viajero La conoció al nacer: era el rocío.
Ni todo lo que en odio te sofoca. Mi voz te busca y la mirada toca La tristeza patente y la escondida.
Tu cicatriz en la memoria ardida Aún sangra triste y mi piedad invoca, Y tu dolor fatal no desemboca: Llanto en el pecho, piedra contenida.
Espina en cada flor, sangriento rito, Colibrí degollado, inaccesible Tumba sin cruz, ni nombre en ella escrito,
¿quién te dictó destino tan terrible: abandonarte a la heredad del grito y a este vano correr tras lo imposible? * * *