Amor y psique

Amor y psique

Amor, hijo de Poros y Penía, pobre como su madre la Pobreza, cazador sin fortuna, un solo pensamiento en la cabeza. Lo que intenta alcanzar se desvanece apenas alcanzado; vuelve a buscar, y busca, lanzando redes, flechas y añagazas, infatigable, pobre desgraciado.

La diosa se está peinando entre cortina y cortina; los cabellos son de oro, el peine de plata fina, y entre pasada y pasada toma néctar y ambrosía. y la diosa está envidiando a una pobre ninfa que se debate perpleja, tan joven, tan joven, tan joven y hermosa como perdida.

¿Y bien?… Que se quemó el Amor los dedos sobre su propia antorcha por esa tan hermosa que ha irritado a Afrodita la hermosa. Porque tiene el encanto incomprensible de lo indefenso y lo recién nacido, porque mira con ojos muy abiertos, porque no entiende a Dios ni entiende el mundo, y porque se devana la cabeza tratando de entenderlos, y no puede, y porque su estupor le pide a gritos el trozo que ella siente que le falta… Y porque el joven dios ve de repente que ella es el trozo que le falta a él, y todo hace que Afrodita sea -tan fuerte, tan segura-, casi fea…

Y así fue, y así ha sido. El uno que sabiendo lo que quiere no logra mantenerlo, la otra ignorante tanto de qué busca como del modo de llegar a ello, al margen de Afrodita, al margen de la incomprensible espita por la que orina el mundo incomprensible, al margen de la vida y de la muerte, para siempre abrazados. Ahora son ya dos pobres desgraciados. Pero dos. Para siempre.