Me mira. Pero no desde la altura, como el Otro miraba, sino asentado en la terrena grava, sobre la roca dura.
Sonríe con sonrisa tan impura, que la reina de Saba no era más seductora que Él; me alaba, como a fruta madura.
Yo rehuyo sus ojos en el suave espejo de la alberca, pero estoy deseando, y Él lo sabe,
ceder. Me olvidaré de Buda y Cristo por verle más de cerca. ¡Mi Señor, Lucifer, Satán, Mefisto!
La soledad, no el ocio como dicen, es la madre del vicio. Yo, para descender el precipicio, aguardé hasta que nadie me mirara.
Al dejar que mis manos se deslicen por la pared de roca, cuido siempre que no haya ojo ni boca que hable de mí ni pueda ver mi cara.
Lo que entonces no hice fue sospechar que acaso, invisible, miraba y sonreía
el Mismo que hoy se dice: “Ya dado el primer paso, esta pobre muchacha será mía”. * * *
Hoy viene a verme. Él, Él en persona. No intento resistirme, por supuesto. Irónico y burlón, llega dispuesto a “salvarme de lo que me obsesiona”:
tal dice. Su belleza desentona con el eterno universal denuesto de que le han hecho objeto; aparte de esto, me ofrece lo que nunca se perdona.
Tendiendo, en fin, el ominoso pliego, me ha mirado con ansia tan humana que chispean sus ojos como el fuego.
¡Un alto precio por una manzana! Temblando igual que Él, respiro y niego, pero no sé lo que diré mañana. * * *
¿Cómo he podido… ¿Cómo pude dudar? ¿Cómo he podido vivir sin vida todos estos años? Por evitarme daños, tuve daños, y huyendo penas, penas me han venido.
¡Cuánto tiempo, cuánto placer, perdido en virtud, muerte, ritos tan extraños como inflexibles, místicos engaños, humillaciones, Dios! ¡Qué buena he sido!
Me arrepiento del tiempo en que fui buena, viviendo sin gozar el prodigioso fulgor del mal, quebrando mi destino.
Y ahora que su goce me envenena, ¿cómo negarse, si es tan delicioso, o cómo retornar al buen camino?
Cuando una tiene sangre de ramera, brutal desprecio hacia la mayoría, tendencia a decir no a todo consejo e inclinación al mal por el mal mismo,
no podría ser casta aunque quisiera, integrarse en la masa no podría, y sin conseguir nada se hará viejo quien intente apartarla del abismo.
Pero además ocurre que ella no pondrá nada de su parte. Ya tiene, y hace, y es, lo que prefiere;
pensar siquiera en la virtud aburre a quien ha hecho del vicio todo un arte, y ni encuentra salida, ni la quiere. * * *
Tampoco es esto lo que yo buscaba. Es mucho, pero aún no es suficiente. No es más que otro camino diferente que no lleva tampoco a parte alguna.
La pena sigue, si el placer acaba; el más bello pecado no es potente para cambiar las cosas, y el doliente llora como lloró desde la cuna.
Ni la perversidad más deliciosa logrará que me sienta yo dichosa, como antes la virtud no lo lograba.
Ya tengo, y hago, y soy, lo que prefiero; de acuerdo, claro… pero tampoco es esto lo que yo buscaba. * * *
Sobre las altas bóvedas del cielo, yo habité los palacios donde el hielo brilla en azul, y en busca de consuelo me embriagué de licores celestiales.
Y en las cámaras bajas del subsuelo, los antros llameantes del desvelo y del vicio, y en busca de consuelo me emborraché con vinos infernales.
Ahora quieren que elija: o uno u otro. No saben que, una vez la elección hecha, seguiría buscando, insatisfecha
criatura a medio hacer, sobre la cresta de la duda hasta el fin, y no hay respuesta posible, nada, nunca…
Ni Uno ni Otro.