Hay demasiadas cosas de las que preocuparse, siempre distintas, siempre imprescindibles, y nunca se termina, y apenas se respira… Y además está el muchacho que jamás nos mira, la chica que no sabe que la amamos Y Platón predicando represiones… Y a esto le llaman vida…
Muchacha, si te entregas a los cerdos, merecerás morir en la matanza. No sería en todo caso más horrible que la horrible, cínica contradanza.
Pregúntate por qué has de estar debajo si eres mejor que ellos. Créeme, muchacha, la heteropatía nunca fue un buen invento.