Tengo miedo. Qué difícil contarte esta verdad, porque tú no sabes nada sobre su vestimenta leve, que se va deslizando por los huesos y se prende como una enredadera amarga en lo más hondo de las raíces de la vida. Qué importa. Todo es tan inútil. Uno está atrapado, encogido como un feto, sin luchar, porque el miedo bestial te ahoga, te aprisiona. No hay sueños, ni recuerdos. Sólo el agua glauca, maligna, que sumerge el cuerpo tembloroso dentro del miedo.