Pasadizos apoyados en las nervaduras donde resuena la resolana de la música. Abandonado, sumergido en el polvo y en la desgracia, paciente como el más miserable Job cuya pena interminable, lenta, apenas vinimos a turbar. Manos codiciosas la hurgaron en busca de tesoros. La ignorancia se cebó sin comprender que ella misma era el tesoro del que hablaba la leyenda.