Poema número uno

Poema número uno

Ahora sí. Tú puedes ya mirarme.

Soy compañero de los ofendidos; de las almas oscuras que transitan la profunda llanura de la noche, amando tristemente los abismos y las jaurías cárdenas del vino.

Ahora sí. Tú puedes ya mirarme. ..

Padezco el peso puro de la tierra sobre mi corazón buscador de ángeles, sobre mi alma hechizada por el río azul e inmóvil que atraviesa el cielo con invisibles olas siderales y con mil barcas de humo pensativo.

Una vez quise abrir tu paraíso con una aguja débil de rocío.

Hoy amo el cielo humano de la arcilla poblado de fantasmas que tiritan.

Amo la soledad, la sed, el frío, la carne vestidora de incurables, el pecado y su fina risa de ámbar.

Sí: ya puedes mirarme.

Enterré ya los mármoles que amaba. Duermen en él los ángeles helados en ocultos tropeles ateridos.

Ya sé odiar berilos y zafiros, -parásitos brillantes de la roca-.

No deseo admirar tus vestiduras salpicadas de signos y asteroides.

Amo la desnudez de los caminos.

Sí: ya puedes mirarme.

Por la llanura de la noche cruza una pequeña luz que cabecea; ella es mi pecho roto en el que tiembla la fiebre inextinguible.

Ya puedes tú mirarla; tú que vives arriba y que talvez no eres inconmovible.