Tú, la furiosa y maternal amada!

Tú, la furiosa y maternal amada!

Esta tierra muerde a sus hijos mientras los dioses consultan cartas estelares, cerraduras volcánicas, o agrupan nuevas águilas en el ramaje de los diluvios y las catedrales.

Esta tierra atrapa al niño y su rueda de alquiler perseguida por el constante “ya voy” del corazón, pero vomita la simiente que hubiera sido: “Gracias os damos…”

Esta tierra engulló al hortelano y al labriego cuando el maíz y el álamo alcanzaban la estatura estival, el friso de oro que golpean en coro los caballos en el sonoro pozo de las eras.

Yo estuve a la mesa, frente a la garrafa y el agua de pronto, como falda viva agitose la altura de sus muslos.

Porque esta tierra nos siembra vivos y nos cosecha en débil grano expósito.

Ayer, el abuelo y el siglo contertulio fumaron juntos, rodeados de mazorcas y de espigas. Torre de papagayos y tambores edificaron para los molinos La abeja construyó el paulatino tabique dulcemente difícil. Los meses recorrían ruedas puntuales, agujas de asiduo pestañear. Llenaban los dedales en que hoy escarba el hueso. Cumplían con la dichosa piel del lomo y el pulimento fraternal de la madera.

Pero esta tierra muerde como una loba ciega cuando la mano extiende su parpadeante búsqueda.

Ayer no más, decían: “Sembrado hemos. Ya vendrá Agosto. Los graneros tendrán hasta las cejas…” Oh mes violento, torrencial sepulcro del hombre, del ganado y del alero!

La cruz que quiso asirse de los bordes penetró de costado y el sacristán del alba desayunó las luces subterráneas de los muertos. El campanario derramó los nidos y los anchos pulgares de los viejos albañiles. La casa azul quedóse sin esquina y la plaza, despedazada y sola, retornó a la pradera revuelta del guijarro y de los cuervos.

Porque esta tierra muerde al mendigo innumerable que la besa y da vivienda nocturna al roedor y azul enmarañado a los murciélagos. Oh tú, furiosa y maternal amada, dónde está el alfarero? En qué cuneta yace el hortelano? Dónde está el fiel espía del cereal luminoso o el centinela oscuro de tu nieve?

Hoy nace el sembrador, patria impaciente, y tú, ya le cosechas para dentro!