Hablo a los tres reinos al tigre sobre todo más susceptible de escucharme a las limaduras a la carbonilla al viento que no se sitúa en ninguno de los tres reinos para la tierra habría que usar un lenguaje de cieno para el agua un lenguaje de ventosa para el fuego apretar la poesía en un torno y romper el cráneo atroz de las iglesias
Hablo a los sordos de orejas tumefactas a los mudos más imbéciles que su silencio impotente huyo de los ciegos pues no podrán comprenderme todo el drama sucede en el ojo y lejos del cerebro
Hablo de un cierto encanto incomprensible de un habito desconocido e irreducible de ciertas lágrimas secas que pululan sobre el rostro del hombre del silencio que resulta el gran grito del nacimiento de este instinto de muerte que nos subleva a nosotros los mejores de entre los hombres cada mañana se hace tangible bajo la forma de una medusa sangrante a la altura del corazón.
Hablo a mis amigos lejanos cuya imagen confusa tras una cortina de estrépito de cataratas me deleita como una esperanza inaccesible bajo la campana de un buzo simplemente en la soledad de un claro de bosque.
De “Le château de grisou”1939-1941