Vuelves en la nube y en el aliento Sobre la ciudad dormida Golpeas a mi ventana sobre el mar A mi ventana sobre el sol y la luna A mi ventana de nubes A mi ventana de senos sobre frutos ácidos Ventana de espuma y oleaje Sobre altas mareas vuelven los peñascos en delirio y la alucina- ción precisa de tu frente Sobre altas mareas tu frente y más lejos tu frente y la luna es tu frente y un barco sobre el mar y las adorables tortugas como soles poblando el mar y las algas nómadas y las que fijas soportan el oleaje y el galope de nubes persecutorias el ruido de las conchas las lágrimas eternas de los coco- drilos el paso de las ballenas la creciente del Nilo el polvo faraónico la acumulación de datos para calcular la velo- cidad del crecimiento de las uñas en los tigres jóvenes la preñez de la hembra del tigre el retozo del albor de los aligatores el veneno en copa de plata las primeras huellas humanas sobre el mundo tu rostro tu rostro tu rostro Vuelven como el caparazón divino de la tortuga difunta envuelto en luz de nueve El humo vuelve y se acumula para crear representaciones tangi bles de tu presencia sin retorno El pelo azota el pelo vuelve no se mueve el pelo golpea sobre un tambor finísimo de algas sobre un tambor de ráfaga de viento Bajo el cielo inerme venciendo su distancia golpeas sin sonido La fatalidad crece y escupe fuego y lava y sombra y humo de panoplias y espadas para impedir tu paso Cierro los ojos y tu imagen y semejanza son el mundo La noche se acuesta al lado mío y empieza el dialogo al que asistes Como una lámpara votiva sin un murmullo parpadeando y abrazándome con una luz tristísima de olvido y de casa vacía bajo la tempestad nocturna El día se levanta en vano Yo pertenezco a la sombra y envuelto en sombra yazgo sobre un lecho de lumbre.
De “La tortuga ecuestre” 1938-1939