Las ramas de luz atónita poblando innumerables veces el área de tu frente asaltada por olas Asfaltada de lumbre tejida de pelo tierno y de huellas leves de fósiles de plantas delicadas Ignorada del mundo bañando tus ojos y el rostro de lava verde ¡Quién vive! Apenas dormido vuelvo de más lejos a tu encuentro de tinieblas a paso de chacal mostrándote caracolas de espuma de cerveza y probables edificaciones de nácar enfangado Vivir bajo las algas El sueño en la tormenta sirenas como relámpago el alba incierta un camino de tierra en medio de la tierra y nubes de tierra y tu frente se levanta, como un castillo de nieve y apaga el alba y el día se enciende y vuelve la noche y fasces de tu pelo se interponen y azotan el rostro helado de la noche Para sembrar el mar de luces moribundas Y que las plantas carnívoras no falten de alimento Y crezcan ojos en las playas Y las selvas despeinadas giman como gaviotas
De “La tortuga ecuestre” 1936-1939