Es mi morada suprema, de la que ya no se vuelve Krishna, en el Bhagavad Gita
Como una madre sostenida por ramas fluviales De espanto y de luz de origen Como un caballo esquelético Radiante de luz crepuscular Tras el ramaje dense de árboles y árboles de angustia Lleno de sol el sendero de estrellas marinas El acopio fulgurante De datos perdidos en la noche cabal del pasado Como un jadear eterno si sales a la noche Al viento calmar pasan los jabalíes Las hienas hartas de rapiña Hendido a lo largo el espectáculo muestra Faces sangrientas de eclipse lunar El cuerpo en llamarada oscila Por el tiempo Sin espacio cambiante Pues el eterno es el inmóvil Y todas las piedras arrojadas Al vendaval a los cuatro puntos cardinales Vuelven como pájaros señeros Devorando lagunas de años derruidos Insondables telarañas de tiempo caído y leñoso Oquedades herrumbrosas En el silencio piramidal Mortecino parpadeante esplendor Para decirme que aún vivo Respondiendo por cada poro de mi cuerpo Al poderío de tu nombre oh poesía
Lima, la horrible, 24 de julio o agosto de 1949.