Será un día tranquilo, de luz fría como el sol que nace o muere, y el cristal cerrará el aire sucio fuera del cielo.
Se nos despierta una mañana, una vez para siempre, en la tibieza del último sueño: la sombra será como la tibieza. Llenará la estancia, por la gran ventana, un cielo más grande. Desde la escalera, subida una vez para siempre, no llegarán voces, ni rostros muertos.
No será necesario dejar el lecho. Sólo el alba entrará en la estancia vacía. Bastará la ventana para vestir cada cosa con una tranquila claridad, casi una luz. Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.
Será los recuerdos como grumos de sombra aplastados como las viejas brasas en el camino. El recuerdo será la llama que todavía ayer mordía en los ojos apagados. Versión de Carles José i Solsora