Tienes rostro de piedra esculpida, sangre de tierra dura, viniste del mar. Todo lo acoges y escudriñas y rechazas como el mar. En el corazón tienes silencio, tienes palabras engullidas. Eres oscura. para ti el alba es silencio.
Y eres como las voces de la tierra -el choque del cubo en el pozo, la canción del fuego, la caída de una manzana; las palabras resignadas y tenebrosas sobre los umbrales, el grito del niño- las cosas que nunca pasan. Tú no cambias. Eres oscura.
Eres la bodega cerrada con la tierra removida, donde el niño entró una vez, descalzo, y que siempre recuerda. Eres la habitación oscura en la que se vuelve a pensar siempre, como en el patio antiguo donde nacía el alba.
1908 De “La tierra y la muerte”