Ha reaparecido la mujer de ojos entreabiertos y de cuerpo concentrado, andando por la calle. Ha mirado de frente, tendiendo la mano en la calle inmóvil. Todo ha vuelto a resurgir.
En la luz inmóvil del día lejano se ha quebrado el recuerdo. La mujer ha alzado la frente sencilla y su mirada de entonces ha reaparecido. Se ha tendido la mano hacia la mano y el apretón angustioso era el mismo de entonces. Todo ha recobrado colores y vida con la mirada concentrada, con la boca entreabierta.
Ha regresado la angustia de días lejanos cuando un inesperado e inmóvil estío de colores y tibiezas emergía ante las miradas de aquellos ojos sumisos. Ha regresado la angustia que ninguna dulzura de labios abiertos puede mitigar. Se cobija, fríamente, en aquellos ojos, un inmóvil cielo. Era tranquilo el recuerdo bajo la luz sumisa del tiempo, era un dócil moribundo para quien ya la ventana se aniebla y desaparece. Se ha quebrado el recuerdo. El apretón angustioso de la leve mano ha vuelto a encender los colores, el verano y las tibiezas bajo el vívido cielo. Pero la boca entreabierta y las miradas sumisas no dan vida más que a un duro, inhumano silencio. Versión de Carles José i Solsora