Sé que hay una persona que me busca en su mano, día y noche, encontrándome, a cada minuto, en su calzado. ¿Ignora que la noche está enterrada con espuelas detrás de la cocina?
Sé que hay una persona compuesta de mis partes, a la que integro cuando va mi talle cabalgando en su exacta piedrecilla. ¿Ignora que a su cofre no volverá moneda que salió con su retrato?
Sé el día, pero el sol se me ha escapado; sé el acto universal que hizo en su cama con ajeno valor y esa agua tibia, cuya superficial frecuencia es una mina. ¿Tan pequeña es, acaso, esa persona, que hasta sus propios pies así la pisan?
Un gato es el lindero entre ella y yo, al lado mismo de su tasa de agua. La veo en las esquinas, se abre y cierra su veste, antes palmera interrogante… ¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto?
Pero me busca y busca. ¡Es una historia!
1892