Un hombre es aplastado. En este instante. Ahora. Un hombre es aplastado. Hay carne reventada, hay vísceras, líquidos que rezuman del camión y del cuerpo, máquinas que combinan sus esencias sobre el asfalto: extraña conjunción de metal y tejido, lo duro con su opuesto formando ideograma. El hombre se ha quebrado por la cintura y hace como una reverencia después de la función. Nadie asistió al inicio del drama y no interesa: lo que importa es ahora, este instante y la pared pintada de cal que se desconcha sembrando de confetis el escenario.
Tuerzo la esquina. Apresuro el paso. Se hace tarde y aún no he almorzado.
De “Matar a Platón” 2004