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y la cicuta amada, del pezón delicioso que corona este seno el cual nunca contuvo un corazón. ³nepentes: pócima mágica que los antiguos ingerían para suprimir la tristeza y el dolor y que, posiblemente, contenía algún estupefaciente. Leteo: uno de los ríos del infierno, cuyas quietas aguas permitían a los muertos el olvido de sus afanes terrestres.


Ven, bello gato, a mi amoroso pecho; Retén las uñas de tu pata, Y deja que me hunda en tus ojos hermosos Mezcla de ágata y metal.

Mientras mis dedos peinan suavemente Tu cabeza y tu lomo elástico, Mientras mi mano de placer se embriaga Al palpar tu cuerpo eléctrico,

A mi señora creo ver. Su mirada Como la tuya, amable bestia, Profunda y fría, hiere cual dardo,

Y, de los pies a la cabeza, Un sutil aire, un peligroso aroma, Bogan en torno a su tostado cuerpo.


¿Qué dirás esta noche pobre alma solitaria, Qué dirás, corazón, marchito hace tan poco, A la muy bella, a la muy buena, a la amadísima, Bajo cuya mirada floreciste de nuevo?

-El orgullo emplearemos en cantar sus loores; Nada iguala al encanto que hay en su autoridad; Su carne espiritual tiene un perfume angélico, Y nos visten con ropas purísimas sus ojos.

En medio de la noche y de la soledad, O a través de las calles, del gentío rodeado, Danza como una antorcha su fantasma en el aire.

A veces habla y dice: «Yo soy bella y ordeno Que por amor a mí no améis sino lo Bello; Soy el Ángel guardián, la Musa y la Madona».


Tu cabeza, tu gesto, tu aire Como un bello paisaje, son bellos; Juguetea en tu cara la risa Cual fresco viento en claro cielo.

El triste paseante al que rozas Se deslumbra por la lozanía Que brota como un resplandor De tus espaldas y tus brazos.

El restallante colorido De que salpicas tus tocados Hace pensar a los poetas En un vivo ballet de flores.

Tus locos trajes son emblema De tu espíritu abigarrado; Loca que me has enloquecido, Tanto como te odio te amo.

Frecuentemente en el jardín Por donde arrastro mi atonía, Como una ironía he sentido Que el sol desgarraba mi pecho;

Y el verdor y la primavera Tanto hirieron mi corazón, Que castigué sobre una flor La osadía de la Naturaleza.

Así, yo quisiera una noche, Cuando la hora del placer llega, Trepar sin ruido, como un cobarde, A los tesoros que te adornan,

A fin de castigar tu carne, De magullar tu seno absuelto Y abrir a tu atónito flanco Una larga y profunda herida.

Y, ¡vertiginosa dulzura! A través de esos nuevos labios, Más deslumbrantes y más bellos, Mi veneno inocularte, hermana.


Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia, La culpa, la vergüenza, el hastío, los sollozos Y los vagos terrores de esas horribles noches Que al corazón oprimen cual papel aplastado? Ángel lleno de gozo, ¿sabes lo que es la angustia?

Ángel de bondad lleno, ¿sabes lo que es el odio, Las lágrimas de hiel y los puños crispados, Cuando su infernal voz levanta la venganza Y en capitán se erige de nuestras facultades? Ángel de bondad lleno: ¿sabes lo que es el odio?

Ángel de salud lleno, ¿sabes lo que es la Fiebre, Que a lo largo del muro del lechoso hospital, Como los exiliados, marcha con pie cansino, En pos del sol escaso y moviendo los labios? Ángel de salud lleno, ¿sabes lo que es la Fiebre?

Ángel de beldad lleno, ¿sabes de las arrugas? ¿Y el miedo a envejecer, y ese odioso tormento De leer el secreto horror del sacrificio En ojos donde un día los nuestros abrevaron? Ángel de beldad lleno, ¿sabes de las arrugas?

¡Ángel lleno de dicha, de luz y de alegría! David