Cantó una noche el alma del vino en las botellas: «¡Hombre, elevo hacia ti, caro desesperado, Desde mi vítrea cárcel y mis lacres bermejos, Un cántico fraterno y colmado de luz!»
Sé cómo es necesario, en la ardiente colina, Penar y sudar bajo un sol abrasador, Para engendrar mi vida y para darme el alma; Mas no seré contigo ingrato o criminal.
Disfruto de un placer inmenso cuando caigo En la boca del hombre al que agota el trabajo, y su cálido pecho es dulce sepultura Que me complace más que mis frescas bodegas.
¿Escuchas resonar los cantos del domingo y gorjear la esperanza de mi jadeante seno? De codos en la mesa y con desnudos brazos Cantarás mis loores y feliz te hallarás;
Encenderé los ojos de tu mujer dichosa; Devolveré a tu hijo su fuerza y sus colores, Siendo para ese frágil atleta de la vida, El aceite que pule del luchador los músculos.
Y he de caer en ti, vegetal ambrosía, Raro grano que arroja el sembrador eterno, Porque de nuestro amor nazca la poesía Que hacia Dios se alzará como una rara flor!» * * * * *
La singular mirada de una mujer galante Que llega hasta nosotros como la blanca luz Que enviara la luna al lago tembloroso Cuando quiere bañar su indolente belleza;
Los últimos escudos que tiene un jugador; Un beso lujurioso de la flaca Adelina; Los ecos de una música cálida y enervante Como el grito lejano del humano sufrir,
No vale todo ello, oh botella profunda, El penetrante bálsamo que tu fecundo vientre Ofrece al corazón del poeta abrumado;
Tú le dispensas vida, juventud y esperanza -Y orgullo, esa defensa frente a toda miseria Que nos vuelve triunfales y a dioses semejantes. * * * * *
¡Hoy el espacio es fabuloso! Sin freno, espuelas o brida, Partamos a lomos del vino ¡A un cielo divino y mágico!
Cual dos torturados ángeles Por calentura implacable, En el cristal matutino Sigamos el espejismo.
Meciéndonos sobre el ala De la inteligente tromba En un delirio común,
Hermana, que nadas próxima, Huiremos sin descanso Al paraíso de mis sueños.