La creación es un templo donde vivos pilares hacen brotar a veces vagas voces oscuras; por allí pasa el hombre a través de espesuras de símbolos que observan con ojos familiares.
Como ecos prolongados que a lo lejos se ahogan en una tenebrosa y profunda unidad, inmensa cual la noche y cual la claridad, perfumes y colores y sonidos dialogan.
Laten frescas fragancias como carnes de infantes, verdes como praderas, dulces como el oboe, y hay otras corrompidas, gloriosas y triunfantes,
de expansión infinita sus olores henchidos, como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe, que los éxtasis cantan del alma y los sentidos. * * * * *