Porque tal es el rostro del fracaso que el espejo devuelve ciegamente aun antes de llegar, dulce y demente, el último rescoldo del ocaso:
frente de la obsesión y del rechazo, ojos que sólo vieron lo renuente, nariz que impide el aire, boca ausente en su amargo sabor: extraño vaso
a punto de volverse puro hueso: porque tal es el fin, tal la ceniza cuyo suave huracán todo lo arrasa,
dejar de letras quise un ramo grueso que ardiera un poco más donde la brisa orea la aridez, sonríe y pasa.