Nada serán mis palabras si no encuentran otra boca que las cante y las olvide y las devuelva a la sombra.
Allí quizás amanezcan, vagas ciudades ruinosas, y a otros solos lleve el aire la nostalgia de su aroma.
Nada será lo que soy si en los otros no se apoya: mi presencia en otro hombro, mi esperanza en su congoja.
¡No me dejes amarrado, demente, al ánima sola! ¡Mira que voy a mi infierno si no hay pecho que me acoja!
El que pasa me sostenga, la voz pueril sea mi roca, en ellos soy, y con ellos pediré misericordia.