En el umbral oscuro la copa destelló y en mi mirada se adentró la filigrana de la plata. Bebe ,dijo su portador: Y bebí sus ojos en el vino. Y bebí el vino en sus labios. Y él bebió sus labios en los míos. Y encendí las velas.
Desplegó una sábana azul que abarcaba los ocho cielos salpicados del oro de los astros y me envolvió y a sí mismo, en ella. Y como el entero firmamento me abrazó. Y se adentró en mi vida y en aquella noche la deshojó hasta la tersura del alba. Con el tacto del más leve pétalo se dobló su cabeza en mi cuello, sus bucles negros emitían un aroma de abismo.
Y por su boca besé yo la muerte, y en torno a mí replegó las alas. La luna se quebró en vertientes de nieve. Los arrecidos astros desmayaron. La gravedad estalló. Un torbellino urente abrió su espiral a lo infinito. Lluvias de meteoros abrasaron los círculos de la oscuridad.