Fue al alba...

Fue al alba…

Fue al alba, perdona por la hora. Tus párpados del sueño callaban debajo de mi almohada y al irrumpir la luz primera se dibujó en el blanco tu entrecejo fruncido y tu voz murmuró unas palabras. En el candil dejaste un gesto de fatiga y luego tu mirada me llamó desde las rosas. Corrí a abrazarlas y me senté a la mesa y en el papel vacío seguí los trazos que tu mano deslizaba. Desenredó del miedo el oculto sentido, del miedo a ya no ser para ser con, del miedo a no saber si uno podrá abarcar esa divina mutación de ser en uno dos, siendo arrancado y arrancando así al otro de la muerte. Y en la página tomó vivo sentido la palabra resurrección.

“Kampa I - Antología personal” 1979