Me has acorralado y con odio agarrado mis solapas, me has empujado hacia un rincón y me has golpeado hasta dejar tinto de sangre el aire mismo, y así y todo, he aquí que todavía me levanto y mirándote te digo: ahora mismo, en este momento lo decido, haré donación de mis ojos aunque tenga que llevarlos mi asesino.
“Libro de alienaciones” 1980