Ya se acercan las manos, innumerables manos, negras manos, a cegarme los ojos, a detener mis piernas, a secarme las venas, a posarse insistentes a lo largo del cuerpo y dejarlo sumido en lo negro. Harán saltar la lengua, los dientes, corazón y riñones, intestino y cerebro…
Amiga de la entraña, tan lejana, acércate un momento y con tus juegos distrae esta terrible oscuridad. Dame un río de fuerza desde el vientre, como antaño.
Siquiera suficiente para alejar las manos. Estas manos que negras e impertérritas me van cercando.
“Libro de alienaciones” 1980