que duermas y se interrumpa el diálogo y no sientas mi beso en tus ojos cerrados.
Qué lástima tu infancia así truncada, ese tiempo sin tiempo a medio abrir por el que ya empezaba a vislumbrarte.
Mañana todo habrá cambiado: otra vez hablándonos de lejos desde nuestras esquivas soledades.
Qué lástima los signos de mi amor, mis apretados círculos de miedo que no sé si entendiste.