I El tiempo regresó —en un instante— A la casa donde mi juventud Quiso comerse el cielo. Lo demás bien lo sabes… Otros llegaron con sus palabras Y sus cuerpos, Buscándome dolorosamente O dejando la niebla del camino Entre mis pobres manos. Lo demás es silencio… Hoy tengo tus poemas en mis lágrimas Y el deseado mensaje —tan tuyo— Entra en mi corazón con mil años de ausencia. Lo demás es poseer este milagro Y sentirme a orillas del Gran Sueño Como una rosa nueva. “Dame tu mano al fin, eternamente”…
II Busco tu voz en cada letra de los poemas que para mí escribiste. Tu amada voz dormida en su entierro!… El contorno de un rumor toma vuelo y entonces La recobro, despierta. Sintiéndome más encendida que un diamante Y con tu voz en el aire fresco Me atrevo a decir, saludando al mundo: “¿Quieren iluminarse Con esta plenitud?”
III Pude haber vivido cerca de ti Suavemente Y encender tu lámpara y sentarme En el ancho sillón oloroso a tiempo. Pude cortar una rosa Y ponerla en tu escritorio O bordar a media tarde Un enjardinado mantel. Ocurrió lo contrario: Lejos anduve y sola -Tremendamente sola- porque no quisiste acompañarme. Pero en idas y venidas por esos caminos, ¡Qué bien me enseñaron a conocer quién soy!
IV En el círculo de palabras y palabras Tu silencio era más poderoso que cualquier sonido Yo lo habitaba sin protestas Entrando valientemente en sus distancias Como patinadora sobre el hielo. ¡Ah, tu silencio mío! ¡Ah, mi sutil planeta inexplicable! ¿Era un espacio vivo O tan solo el nombre de esta obstinación? Al fin, después de todo… -No falta un después en cada momento-
V Si en la hora más quemante de mi vida Yo hubiera encendido, por lo menos, La orilla de tu corbata… Todo sería distinto! Pero no lo permitiste —¿Recuerdas?— Y entonces fui, como jamás lo he sido Una desesperada. Guardo tu palidez esquiva Y los ojos que no iban a entregarse Aunque acabara el mundo. Después algo me hiere no sé dónde Y me ahogo y respiro soledades Y estoy metida hasta los huesos En un laberinto ¿Cómo logré salvarme? Porque yo olía a flor -En la hora más ciega de mi vida- Y lo único que deseaba intensamente Era caer sobre tu cuerpo como una flor.
VI Si todo fuera distinto Yo no tendría un largo viaje en los ojos Y en esta soledad Versos y versos… Si todo fuera distinto Yo sería a tu lado una dicha completa Y la mitad de tu alma.
VII Si llegaras por esa puerta Tal vez te extrañaría mi pelo gris-azul, Con reflejos plateados. Le pongo un suave tinte por supuesto Pero no creas que me engaño. Envejecer es un problema. Sin embargo, Yo no envejezco entristeciéndome. Si regresara con lo vivido hasta el domingo Que al lado tuyo se hizo viernes, Creo que volvería a ser la misma amorosa Y que de nuevo te daría Un rato tremendo.
VIII El tiempo… ¿Qué es el tiempo? Para mí no ha pasado Desde aquellas noches de lunas amarillas, Cuando me llevabas a las reuniones de los sábados… Me sentí joven al leer tus poemas Y me dio vergüenza experimentar esa delicia. Con un gajo de sueños juveniles Caí en profundo sueño. Hoy me burlo del tiempo Y hasta le hago cosquillas En las barbas. Así, medio jugando, Voy a meterlo por un mes En el armario.
IX Toda una vida lejos de ti. Toda una vida… Por qué?… ¿Quieres decirlo?… Hubiera sido tan hermoso Mirar la misma estrella Desde nuestra ventana.
X Hay muchos años entre mi amor Y tu ausencia. Con ellos puedo escribir Una historia larga. Hay mil cosas que quisiera decirte Dulcemente… ¿Pero cómo expresar lo inefable?
XI Tal vez nunca contestes mis cartas. Ya nada espero ni pido nada. A estas horas sería ridículo preguntar al cartero Si me trae un sobre que brilla Como pequeño astro.
XII No sé a quien contarle que regresaste de repente, Con tu lenguaje extraordinario Y con todo lo que sabe De la eternidad. Confiaré a un joven puro mi secreto, Para que él lo celebre viviendo. Sería triste que nadie conociera Mis llamaradas y mi sal.
XIII Si el príncipe Siddharta apareciera ahora Cerca de mí, muy cerca, Creo que me diría suavemente: “Rompe ese lazo dulce. ¿Acaso no conoces lo que enseñé?” pero la ley de Samsara es fiel y exacta: el nudo no podrá deshacerse hasta que tú y yo alcancemos, juntos, la más definitiva palpitación del encuentro. Crece la noche… crece… Y el Pensativo de Rostro Inmutable Cuenta con sus ojos Mi verdadera edad.
XIV Cuando todo se cumpla En otra vida, porque aquí ya es muy tarde_ Conoceré mejor el poder de los recuerdos Y viviré en tu casa.
XV Y ahora un “hasta siempre”… un “te agradezco”… Descubrí mi esperanza. Aquí se anuncia la mañana con un ángel Y con una semillita de antigüedad. * * *