Hace diez años, hace cinco años, un año hace… A pesar de eso llegaste a tiempo, aunque un poco tarde. Christina Georgina Rossetti
No es golondrina, no, la que ha venido al cielo de este cielo cotidiano. Porque llega del frío más lejano sabe escoger la tarde de su nido.
Así, con simples nombres de acomodo, voluntaria de ser, en nuevo modo, tu sabor y tu clara compañía.
Si recojo praderas en tu casa, ya presiento la rosa que no pasa y soy nueva en la rosa todavía.
de la agitada soledad de afuera, un suave octubre, de caricia entera, y una isla dulce, en olas de rosales.
Pues nunca los amores son iguales este arrimo de amor, a tu manera, de una lejana y muerta primavera saca el reino del musgo y los panales.
Recuerda… y recordando… en sabio río a breve sangre anuda lo infinito, iluminado y tierno en su desvelo.
Y un poder encendido por tu llama junta el panal, el musgo y la retama, para esta casa tuya, entre mi pelo.
este valle de yerba y de paloma, mi profunda violeta con su idioma en los verdes recodos aprendido.
A ti, mi río-fuego, detenido en un labio sediento, que lo aroma; mi ágil laurel y el pájaro que asoma dando el país del aire en su latido.
Toda mi tierra corporal y oscura: la que acoge, levanta y asegura, recia en la entraña y en el tacto fina.
No ha de quedar a piel de amor el goce, porque ya tu mirada reconoce tierra adentro, la luz de cada espina.
un leve nombre de ceniza y frío. Toca el fértil azul del nombre mío y es noche oculta en que tu voz tropieza.
Antes fue claro y vivo, con riqueza de fácil nardo y de inicial estío; iba copiando cielos como un río y en él, para mi amor, tu amor empieza.
Yo recojo ese nombre de la muerte y lo acerco a los dos, sin que despierte, mientras un gran silencio nos anuda.
Me crece de los ojos nueva tierra, y el nombre queda en ti, y en ti se encierra, guardando el clima de tu patria muda.
y del recuerdo… tuya, conmovida. Por tu claro hospedaje detenida y también por tus horas dolorosas.
Van a tu amor las arpas de las rosas y todos los rosales de la vida. Ya no pierdo mi frente, ya encendida es tu jardín, la tarde en que reposas.
Inmensidad de cielo y tierra envuelve esta alianza secreta que resuelve pasos de ayer en casa tan segura.
De ti saldrán los días venideros y en los junios de luz o en los eneros tendré el hondo crecer de esta dulzura.
en torre de alas y en jardín cerrado. Tamaño del amor insospechado. Reino tardío de una alondra ciega.
A tu fina quietud mi paso llega, dichoso de llegar, pero cansado. Me corona la luz, tengo un aliado, y la noche de paz nada me niega.
Este es mi sitio, mi querencia humana, para empezar de nuevo mi mañana y borrar en su amparo la fatiga.
Por eso, casa mía, casa cierta, en mis labios te da, limpia y despierta, con el ángel de flores que te abriga. * * *